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28 de febrero de 2014

postheadericon [Retales] Shana

El año pasado me propuse como propósito (valga la redundancia) el apuntarme a cualquier concurso/curso de escritura y escribir un mínimo de 12 relatos. Lo primero lo logré, lo último no xD
Así que la meta de este año consiste en retomar un proyecto que inicié en 2012, en el cuál trataba de crear 13 relatos. Y aquí es donde entra este blog: cada último viernes de mes quisiera subir a Scribd un relato, no sé si lograré hacerlo todos los meses, porque hay veces que las ideas se entremezclan y soy incapaz de ordenarlas correctamente; peeero yo lo voy a intentar, a fin de cuentas lo importante no es el destino sino el primer paso(?)

Sois libres de criticar y aconsejarme, con amor y cariño, ¿eh? Que soy muy sensible y a lo mejor me pongo a llorar como me hagáis Bullying Literario.


Gracias por leerme~
29 de marzo de 2013

postheadericon [Retales #4] Vecindario

Este es un relato corto (casi micro xD) que escribí para un taller mensual del foro Comparte Libros, en el que se nos da una frase para construir la historia alrededor de ella [en este caso fue: Corrió la cortina, tuvo una sensación de déjà vu. Un instante después, cuando volvió a correr la cortina para confirmarlo...].
No es nada del otro mundo, pero como hacía tanto tiempo que no compartía mis escritos por aquí, decidí retomar la sección. Así que aquí está.

El título no tiene mucho que ver con el relato, ya que como no era necesario titularlo, no lo pensé hasta ahora, pero creo que tampoco queda del todo mal, ¿no? Soy pésima para los títulos xD
Espero que os guste y estoy abierta a las críticas~ me encanta recibir consejos y demás para poder mejorar.

Pero me dejo de tonterías y, sin más cháchara, aquí tenéis:


   Vecindario   

Antes de abandonar la cocina, cubrió los cuerpos con el mantel y miró a su alrededor: las paredes, los muebles, todo estaba manchado de sangre y por un momento pensó en limpiar aquel estropicio.
Fuera oía gritos infantiles acompañados de ladridos de perro, por un instante creyó que aquello había acabado, descorrió la cortina que había sobre el fregadero y sus ojos le mostraron a los hijos de los Pérez, paseando a su mascota, correteando tras ella, como cada tarde. Corrió la cortina, tuvo una sensación de déjà vu. Un instante después, cuando volvió a descorrer la cortina para confirmarlo se dio cuenta de su error. Aquellos niños no jugaban con su mascota, querían comérsela.
Volvió a cerrarla, pronto se darían cuenta de que él estaba allí y no creía tener suficientes balas para todos, aunque con una le sobraba.
Había visto de lo que eran capaces; su mujer, su hija... Cerró los ojos con fuerza y apretó los labios. No, no podía permitirse revivir aquello otra vez. Ya estaba cansado de toda aquella locura.
Subió al segundo piso, se atrincheró en el cuarto de su hija y palpó el arma que llevaba en el bolsillo del pantalón; pensó en muchas cosas, trató de pensar en los momentos felices que vivió junto a su familia en aquel vecindario, pero le fue imposible evitar ver a la asistenta de los Ruíz atacar a su hija pequeña con uñas y dientes. Pensó en su vida antes de aquella locura que se cernía y acechaba al otro lado de la puerta de su, hasta entonces, hogar.
Una lágrima rodó por su magullada mejilla.
Abrió los ojos, cogió la foto enmarcada que su pequeña atesoraba en la mesilla de noche y la observó detenidamente mientras su mente se iba vaciando, dejando tan sólo una resolución, la resolución final. Esa era su familia, era; pronto volverían a serlo, se dijo.
Con la mano libre extrajo el revólver y, lentamente, mientras oía al perro gemir de angustia y dolor en el jardín que tantos ratos de ocio y diversión le dieron en un pasado no tan lejano, se llevó cañón del arma a la sien y rezó para que la bala lo reuniera con su familia.
Una luz brillante cruzó sus dilatadas pupilas y su cuerpo cayó desplomado en el suelo.


Tardó varios minutos en ser consciente de lo sucedido. Algo se arrastraba hacia él. Alguien. No podía oírlo, tampoco pudo verlo, pero sí lo sintió. Algo no había ido bien, no estaba muerto y le dolía todo el cuerpo y la cabeza. Sobre todo la cabeza.
No podía moverse, movió sus ciegos ojos en todas direcciones, abriéndolos cada vez más, esperando poder recuperar la visión. Pero eso no sucedería, había perdido la vista, el oído, el olfato y le era imposible moverse.
Por suerte no sintió nada, sólo una leve presión en sus miembros. Ya no era alguien, eran varios. Habían conseguido entrar y estaban devorándolo poco a poco.
Encerrado en su propio cuerpo, quiso gritar de desesperación, pero lo único que salió de su boca fue un leve sonido gutural que se fundió con el de sus vecinos.

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Y eso es todo. Algún día escribiré una comedia, pero por ahora me quedo con el terror y el drama, que me desenvuelvo mejor (y lo disfruto más) xD

Gracias por leerme~
29 de enero de 2011

postheadericon 003

Tic-tac... tic-tac... tic-tac...
El tiempo pasa impasible ante la atenta mirada del minino que curva su delgado cuerpo frente a la jaula abierta.
Tic-tac... tic-tac... tic-tac...
Esta vez no hay nadie que le pueda impedir dar el salto y engullir... no, tal vez jugar, con el pitirrojo que limpia su plumaje con rápidos movimientos, casi espasmódicos, de su anaranjado pico.

- Pio, pio... - Canta el pitirrojo, mirando hacia la obertura de su jaula plateada. - Salir o no salir... - Debe ser la traducción.

Tic-tac... tic-tac... tic-tac...
Las manecillas del reloj se balancean lentamente sobre su eje, marcando la hora exacta de una inminente muerte.
Tic-tac... tic-tac... tic-tac...

- Miaaaauuuu - Maulla el gato pelirrojo mientras se despereza. - Tal vez si subo a la silla que hay junto a ese aparato que encierra al maldito pájaro... - Debe pensar.
- ¡Pio, pio! - Gorjea el atontádo pájaro moviendose a un lado y a otro en la barra que atraviesa la jaula. - ¡Si salgo no comeré! ¡No sé cazar! - Debe mascullar.

Tic-tac... tic-tac... tic-tac...
Con el sigilo del que son conocidos los felinos, el gato pelirrojo se acerca a su presa. Primero disimula usmeando el aire, luego se encorva, recula y salta hacia la silla: su trampolín hacia el éxito de la caza.
Tic-tac... tic-tac... tic-tac...

El pájaro vuela indeciso a un lado y a otro de la jaula, no muy grande, pero suficiente para permitirle semejante revuelo. Sus ojos cristalinos se fijan en el horizonte, la ventana está cerrada, la jaula: abierta.
El felino estira su delgado cuerpo hacia la jaula, apoyándose grácilmente sobre sus patas traseras. Sus uñas retráctiles asoman en sus patitas esponjosas y calentitas... pero sólo logra tocar el frío acero de la jaula.
El pitirrojo, estaba tan enfrascado en su dilema existencial, que a duras penas se dió cuenta de que dicha existñencia estaba a punto de no existir.
Más que piar, croaba como una rana. El pobre pájaro parecía gritar auxilio, pedir ayuda a cualquier ser superior, un Dios pagano que habita a las afueras de su jaula.
Tic-tac... tic-tac... tic-tac...

Y el gato sonríe, pero no como en los dibujos animados o en las viñetas de los cuentos infantiles; no, sonríe por dentro, con la mirada y con el cuerpo.
Piensa en retirar la pata del frío metal y volver a probar suerte. Un pájaro no es muy listo, pero un pájaro asustado es presa fácil, es tonto.
Mas algo le impide la retirada, algo tira de su peludita, esponjosa y calentita pata. Algo frío lo retiene. ¿Qué puede ser?

Tic-tac... tic-tac... tic-tac...
Anna entra en la habitación y contempla la estampa: el gato, estirado cuan largo es, hasta la jaula. El pájaro. gorjeando o, tal vez, gritando, volando de un lado a otro, zarandeando así la jaula.
Y Anna riendo, riendo como una loca. Con lágrimas acumulándose en el rabillo ambos ojos.
Tic-tac... tic-tac... tic-tac...

La jaula ya no estaba abierta. El gato, con su zarpazo, la había entornado al tiempo que introducía sus deditos peludos en la ranura semi-abierta. El pájaro, con su aleteo indeciso, había provocado que el gancho de la puertecita se fijara en uno de los barrotes más cercanos a la presilla.

Tic-tac... tic-tac... tic-tac...

El gato quedó atrapado. Una caza fallida. Otra vez será, minino.

Y ahora, el reloj reía.

~Fin
24 de enero de 2011

postheadericon 002

Tirada en la carretera desierta, había una única moneda.
Era brillante y ligeramente gruesa, algo más grande que las monedas normales.
La tipografía era antigua y la efigie tosca.

Ahí estaba la moneda, lanzada desde una época remota hasta aquella desierta carretera.
Sólo una persona que pasara por allí y con la vista agudizada por los sentidos casi oníricos del destino, podría percatarse y parar junto a ella.

Era muy tarde, el sol se encontraba en ese punto en el que los desorientados no saben si amanece o anochece, y la moneda esperaba con su tosco rostro impasible, a que alguien se agachara y la meciera en sus bolsillos.

Y ahí estaba, un ford fiesta plateado de matriculación antigua. La velocidad, el destino, la agudeza visual o un cúmulo de todas estas cosas, hicieron que el ford fiesta frenara justo en el momento preciso.
Su ocupante, una mujer de rostro marcado por la edad, salió del coche y se dirigió hacia aquello que tanto brillaba.
Iba sola, el sol se ocultaba disipando las dudas de los desorientados, no había nadie en la carretera. Ella lo sabía, por eso paró justo en ese tramo.
Sabía que ahí estaría la moneda.
Tal vez su yo consciente no lo supiera, pero su yo inconsciente, ese del que tanto presume por su intución, le hizo coger el camino más largo, el más apartado de la civilización.

Miró al suelo sin ver; hasta que sus ojos se toparon con aquella moneda. Se agachó con tremendo esfuerzo, pues tenía la espalda algo desgastada por la edad, y recogió la moneda con cierto reparo; como si estuviera sucia, la restregó en su jersey de punto y, estirando su brazo en paralelo a su mirada, la observó con detenimiento.

Era una moneda dorada, con una tipografía antigua, un rostro tosco la observaba de reojo y con, lo que se podía deducir, media sonrisa.
La moneda brilló al alzarse la luna, ¿cuánto tiempo estuvo allí de pie, mirando una simple moneda antigua? No lo sabía, nadie lo supo.


A la mañana siguiente encontraron un ford fiesta estacionado en una carretera comarcal, la puerta del conductor abierta, las luces encendidas, el chivato emitiendo neutros pitidos de aviso... No había mujer. No había moneda.

~ Fin
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